Si alguna vez has lanzado una pelota al aire delante de mucha gente sabrás de lo que estoy hablando. Quizá no es una buena metáfora, pero sé de qué estoy hablando. Vas a lanzar la pelota, lo idóneo es que la tires por encima de tu cabeza con un ángulo de 90º, justo en la línea horizontal. El objetivo es simple: cogerla, que no se caiga. Todo el mundo te mira, tienes que cumplir tu papel. Eres el mago que actúa para unos niños con unas fervientes ganas de que falle, de descubrir su secreto. Tendemos a alabar a los actores de las películas, pero tiene más mérito en una obra como debes saber, pero no nos desviemos del asunto. La pelota alcanza su altura máxima, y empieza la acción. Tienes que moverte, la pelota cae. Y todo el mundo sigue mirándote, porque ¿quién se va a fijar en que tiene la boca abierta como un idiota pudiendo mirar cómo se te cae la pelota?
El fracaso ajeno, agua de las gotas.




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